Degradación de tierras
La degradación del suelo afecta a cerca de 2.6 millones de personas en más de 100 países. Las tierras degradadas son difíciles de recuperar y, si se afectan gravemente, resultan en la disminución de las funciones de los ecosistemas que son cruciales para la prestación de los beneficios ambientales, sociales, económicos y no materiales de los cuales depende la sociedad, y que mantienen abiertas las opciones de desarrollo. La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio identificó tres principales causas directas de la degradación de los ecosistemas terrestres: el cambio de uso de la tierra, el consumo de recursos naturales y el cambio climático. Estos impulsores directos son también enfatizados en la estrategia a 10 años de la Convención (UNCCD) y en el instrumento jurídicamente no vinculante sobre bosques del Foro de las Naciones Unidas sobre los Bosques (UNFF) Con el actual debate sobre el papel de la agricultura y el manejo de los bosques en la mitigación del cambio climático (LULUCF), existen también nuevas oportunidades para seguir mejorando la agenda de manejo sostenible de la tierra en el paisaje rural.
En Costa Rica, las principales causas de la degradación de tierras son la deforestación, la agricultura y ganadería extensiva, la precipitación excesiva en las regiones con clima tropical húmedo, así como las regiones del Pacífico Norte y central, regiones con poca precitación y susceptibles a la degradación de tierras. Además de los diferentes climas, algunos fenómenos atmosféricos asociados a la variabilidad pueden acelerar la degradación de tierras. Por ejemplo, inundaciones, huracanes, y otros, que se han visto ligados a proceso de presión sobre los recursos por poblaciones de muy bajos recursos.
A pesar de ser un área de reciente apertura para el Programa de Pequeñas Donaciones, en Costa Rica ya se han venido llevando a cabo acciones y proyectos que contribuyen a combatir el problema de la degradación de tierras, como es el caso de la agricultura orgánica y reforestación, entre otros.
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